Felices quienes creen sin haber visto. Santo Tomás Apóstol, uno de los Doce, caminó junto al Maestro, lo escuchó y fue testigo de sus maravillas.
Por eso, más que expresar una duda, cuando pide poner sus dedos en las llagas de Jesús manifiesta el deseo profundo de confirmar una certeza: es verdad, el Señor ha resucitado. La vida eterna es una promesa que se cumple hoy, y esta experiencia lo lleva a proclamar la confesión de fe por excelencia: ¡Señor mío y Dios mío!
#EnLaHoraDelEncuentro



GIPHY App Key not set. Please check settings