Hay una tentación que la serpiente no inventó. Sólo la encontró. Estaba en el corazón humano antes de que ella llegara. El deseo de ser la fuente. De no necesitar a nadie por encima. De sentarse en el trono que nunca fue nuestro y decir desde ahí: soy suficiente. Soy la razón de todo esto. Soy mi propio dios.
En este episodio de Café con Cristo entramos en Ezequiel 28 y en el orgullo del príncipe de Tiro. Un hombre que construyó con inteligencia genuina. Que acumuló con habilidad real. Y que en algún momento cruzó una línea que nadie cruza impunemente. Confundió el don con el dador. El instrumento con la fuente. Y dijo lo que el corazón humano lleva queriendo decir desde el jardín. Soy Dios. Lo mismo que comenzó en el Edén. Con otro nombre. En otro siglo. Pero exactamente la misma grieta.
David Bisonó es el cafetero mayor y su conductor en este programa en vivo desde Orlando, Florida por EWTN Radio Católica Mundial.



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