En el corazón del Trastévere se encuentra un lugar poco conocido donde San Francisco de Asís vivió, rezó y dejó una huella imborrable: la iglesia de San Francesco a Ripa.
Aquí, cerca del antiguo puerto de Ripa Grande, el santo se alojó en un hospicio destinado a acoger a enfermos, peregrinos y pobres. Hoy, este santuario conserva valiosos testimonios de su paso: la piedra que, según la tradición, utilizaba como almohada, una tabla medieval que lo representa pocos años después de su muerte y el lugar donde los frailes continúan su misión de acogida.
Ochocientos años después de la muerte de San Francisco, este rincón escondido de Roma sigue contando una historia de pobreza, oración, fraternidad y esperanza.
Un viaje tras las huellas del santo, allí donde la memoria se hace vida y el Evangelio continúa haciéndose realidad.



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